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Thelma y Louise no fueron las musas del feminismo prometido

Geena Davis se pronuncia sobre la vieja fórmula 'macho' del cine norteamericano y los obstáculos por los que Thelma y Louise no llegó a cumplir las expectativas feministas.

2015-10-26 19:04:07

La actriz considera que la creación de protagonistas carismáticas en Hollywood es eventual y no instaura un verdadero cambio de tendencia

El debate enciende una nueva mecha en la cruzada contra el sexismo de las altas esferas interpretativas

Mónica Zas Marcos, eldiario.es, 21/10/2015

Thelma y Louise, artífices del selfie y musas feministas

 

En noviembre de 1991, entre Terminator 2, Perdidos en el Oeste y otras criaturas del género predilecto en Hollywood, el blockbuster, se estrenaba una película de chicas. Según una ley no escrita en el nuevo continente, esa concepción había de ser despreciativa, trillada y débil adversaria frente al derroche de músculo y compadreo en la cartelera de aquellas navidades. Pero siete semanas más tarde, con 45 millones en taquilla y una polémica envenenada, Thelma y Louise arrojaban el escepticismo por un barranco a lomos de un Ford Thunderbird del 66. Los fajos de dólares parecían legitimar la irrupción del pintalabios rojo y la mujer independiente en una fórmula anquilosada del cine norteamericano, mientras que el reclamo para el público continuaba intacto. No se echaban de menos tiros, sexo ni palabrotas, como en toda buena atmósfera de acción femenina.

Thelma, el ama de casa sometida por un irritante marido que pasea su inutilidad sobre restos de pizza a domicilio. Louise, la camarera irreverente a medio camino entre Erin Brokovich y Marla Singer. Ambas aspiraban a convertirse en las nuevas musas contra el letargo de los roles femeninos y, juntas, en el paradigma del feminismo en el séptimo arte. O eso le prometieron a Geena Davis.

Ahora, casi un cuarto de siglo después, la veterana actriz lamenta que su road movie no representase aquel cambio a gran escala augurado para las intérpretes. En una entrevista concedida al periódico The Guardian, Davis afirma que "tras Thelma y Louise -que fue algo bastante potente y significativo- se decía que su éxito iba a suponer un punto de inflexión y que iban a surgir muchas más películas sobre aventuras de colegas –mujeres–. Nada cambió.”

Aunque todos los ingredientes estuviesen preparados para lanzar el pastel a la cara de los directivos falócratas de Hollywood, algo no cuajó en el resultado. La crítica se situó en los extremos del espectro acusador sin atender a las escalas de grises. Unos decían que la película ilustraba la fantasía sexual sobre mujeres dominantes de su director, Ridley Scott. Otros, incómodos con que Sarandon le volase la tapa de los sesos a un violador sin pantalones, acusaron al filme de ser un manifiesto lésbico.

Contradicciones que saltaron del papel de los rotativos a los debates callejeros; y de ahí a los estudios cinematográficos, donde emponzoñaron a buena parte del equipo de la película. Rebuscando en la maldita hemeroteca, vemos que a veces verdugo y víctima juegan el mismo papel.

La respuesta falócrata de Hollywood

Como si de una carrera política se tratase, en la promoción de una película es tan importante la precampaña como los alegatos que suceden al estreno. Y que la guionista Callie Khouri afirmase rotunda que no se trataba de una cinta feminista, no ayudó a centrar a sus espectadores. Sobre todo porque años después, con la tranquilidad moral que da un premio Oscar en la estantería, Khouri ha exprimido el argumento contrario hasta la corteza.

El aluvión de críticas que cayó en un primer momento quizá fuese demasiado para una joven exproductora de videoclips venida a menos. Pero Khouri ya había sufrido el escarnio antes de ver su creación sobre el celuloide. Como bien cuenta este reportaje de Vanity Fair sobre el making of de Thelma y Louise, el guión fue varias veces rechazado en Hollywood. En muchas de estas ocasiones, una buena diatriba de adjetivos sexistas precedía al portazo en las narices. “¡Callie, quiero actrices con las tetas más grandes y menos ropa!”, gritaban en una productora de serie B donde se intentó gestar el primer proyecto de la película. Aunque afortunadamente esta adaptación quedó en papel mojado, el libreto estaba destinado a un desenlace mediocre. Hasta que llegó el artífice de Blade Runner y plantó una pica en Flandes.

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