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PREMIO CERVANTES DE LITERATURA 2015

Fernando Del Paso, escritor minucioso y rebelde con causa

2015-11-14 01:25:25

La obra del autor es un reflejo de las pulsiones del México del siglo XX y una seductora invitación para las nuevas generaciones

Verónica Calderón México 13-XI-2015

Fernando del Paso FOTO: SAÚL RUIZ

Ha sido México, otra vez. Fernando Del Paso (Ciudad de México, 1935) se ha unido este jueves a la quinta de escritores mexicanos —Octavio Paz, Carlos Fuentes, Sergio Pitol, José Emilio Pacheco y Elena Poniatowska— que han sido premiados con el Cervantes, el máximo galardón en letras españolas. Los autores mexicanos se han convertido en las más reconocidos tras los españoles del premio más importante de habla hispana. Del Paso se sitúa en un pedestal en el que siempre ha estado: como uno de los grandes autores en castellano del siglo XX.

Autor de Palinuro de México, José Trigo (y hasta un libro de gastronomía que firmó a cuatro manos con su cariñosa y brillante esposa, Socorro), su obra magna es Noticias Del Imperio: un minucioso retrato de Carlota, la emperatriz de México casada con Maximiliano de Habsburgo, un matrimonio con destino desgraciado. Fueron emperadores a mitad del siglo XIX. Él acabó fusilado y ella perdió la razón.

"Señor presidente Enrique Peña Nieto, no se engañe usted: Todos somos Ayotzinapa", dijo en la pasada FIL de Guadalajara

La ambiciosa novela histórica —de más de 1.000 páginas en su edición original— retrata con tal meticulosidad a los personajes que dedica tres cuartillas solo para describir el tono de los dientes de Maximiliano y otras dos para enumerar los títulos nobles de Carlota. Un viaje sobre los oscuros pasajes de la historia mexicana, alejada de la gloria nacionalista y cercana a los porqués que a Del Paso tanto le ha obsesionado buscar.

Hace un año participó en un acto de la FIL de Guadalajara. Hacía apenas tres meses que había ocurrido la masacre de Iguala, en la que resultaron desaparecidos 43 estudiantes de magisterio de la Escuela Rural de Ayotzinapa, un crimen que hasta ahora no ha sido esclarecido. Participaba en un homenaje a Octavio Paz. Tras la presentación de Rafael Tovar y de Teresa, presidente de Conaculta (la máxima institución oficial mexicano dedicada a la cultura), Del Paso permaneció inmutable. Sufrió un derrame cerebral que le dificultó el habla pero que no le quitó la lucidez. Por sus dificultades físicas, que jamás psíquicas, se eligió al poeta Ángel Ortuño para que leyese su agradecimiento, dedicado a Paz. Pero Del Paso, de improvisto, decidió romper el protocolo, tomó el micrófono un segundo y dijo con voz de hilo pero inquebrantable esfuerzo: “Quiero solidarizarme desde aquí con los familiares de los estudiantes desaparecidos en Iguala. Señor presidente Enrique Peña Nieto, no se engañe usted: Todos somos Ayotzinapa”. La frase cayó como un trueno en la sala. El auditorio se hizo una ovación. Claudio Magris, en primera fila, se puso de pie para aplaudirle. El autor volteó a su derecha, entregó el micrófono con la misma amabilidad con la que lo había recibido y continuó, como quien camina imperturbable en medio de una tormenta.

Un compromiso que refrendó poco después cuando firmó un texto en el que retrataba el corazón roto de millones de mexicanos, cuando recibió el Premio José Emilio Pacheco, fallecido poco antes y autor de Alta traición, un poema que resume el sentimiento –que no orgullo– de ser mexicano y ejercer como tal. "¡Ay, José Emilio! Sí, dime cuándo empezamos a olvidar que la patria no es una posesión de unos cuantos, que la patria pertenece a todos sus hijos por igual, no solo a aquellos que la cantamos y que estamos muy orgullosos de hacerlo: también a aquellos que la sufren en silencio". Un texto en el que habla de su México y el de otros tantos, ese México alegre y colorido, pero que también a veces grita por rabia y desconsuelo.

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—Gracias a la automoción, Ávila prosperará por fin. —¡Qué bien, nos pondrán una fábrica nueva! —Qué va, creo llamarán Ávila a un nuevo modelo de coche.

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