estamos pensando...

Dadme un beso que me voy a la guerra

'Partisanas' recoge la investigación de la periodista Ingrid Strobl sobre las mujeres que lucharon contra el fascismo, desde la Guerra Civil a la resistencia francesa. Las mujeres milicianas tuvieron que combatir también el machismo de algunos de sus camaradas, que las relegaban a tareas en la retaguardia.

2015-12-09 10:42:06

Saila Marcos, infolibre, 06/12/2015

Mujeres preparándose para ir al frente durante la Guerra Civil española.

 

El 20 de julio de 1936 un grupo de hombres jóvenes irrumpieron en la clase de costura del Centro Cultural Aida Lafuente de Madrid. Apenas hacía 48 horas que los militares fascistas se habían alzado contra el Gobierno del Frente Popular y necesitaban cuantas más manos, mejor para plantar cara a los rebeldes. Los jóvenes agitadores comunistas, después del discurso incendiario de rigor, pidieron “voluntarios” para la resistencia. Una de las alumnas de costura, Rosario Sánchez Mora, recordaba la escena: “Yo miré a mi alrededor y me di cuenta de que en nuestra clase de costura, naturalmente, sólo había mujeres. Así que levanté el dedo y pregunté con timidez: '¿También podemos inscribirnos mujeres'. 'Sí', me contestó el joven. 'Pues apúntame '. 'De acuerdo, compañera, ya te avisaremos'”. Así, reclutada como voluntario, pero inscrita como miliciana, Rosario pasaría a ser conocida en el frente de Madrid como La Dinamitera, por sus bombas fabricadas con latas de leche condensada. A esa Rosario, Miguel Hernández le dedicó un poema que la convirtió en leyenda y termina con estos versos: 

"Rosario, dinamitera,
puedes ser varón y eres
la nata de las mujeres
la espuma de la trinchera.
Digna como una bandera
de triunfos y resplandores,
dinamiteros pastores,
vedla agitando su aliento
y dad las bombas al viento
del alma de los traidores"

El lapsus del camarada que pedía “voluntarios” en una sala abarrotada de mujeres ilustra la doble discriminación que sufrieron las mujeres que lucharon en el frente: primero, desafiando a la sociedad y a sus compañeros de partido para coger el fusil-; y después, con el fin de la guerra y el inicio de un casposo nacionalcatolicismo, por ser republicanas. Para rescatar a todas esas figuras, a las que la historiografía no les ha hecho justicia, la editorial Virus acaba de reeditar Partisanas, la mujer en la resistencia armada contra el fascismo y la ocupación alemana (1936-1945), un amplísimo trabajo de investigación de la periodista austríaca Ingrid Strobl. La primera edición, publicada en alemán en 1989 –en español, en 1996-, fue escrita en la cárcel, donde Strobl estuvo dos años en prisión preventiva acusada de supuesta pertenencia a las Rote Zora (grupo feminista armado de la República Federal Alemana) y colaboración en un atentado contra Lufthansa. Cargos de los que fue posteriormente declarada inocente.

Strobl (Austria, 1952) entrevista en Partisanas a las mujeres que se opusieron a la ocupación nazi en Francia y Polonia y dedica buena parte de su trabajo a las milicianas españolas; a pesar de las dificultades que tuvo para localizarlas o el machismo velado de partidos y organizaciones antifranquistas que se empecinaban en destacar el papel de las mujeres en la retaguardia. “Las funcionarias actuales del PCE se empeñaban en afirmar que las verdaderas heroínas de la Guerra Civil habían luchado durante aquella etapa en el frente político, en las cocinas de campaña y en las enfermerías”, escribe la periodista, que hizo el trabajo de campo antes de entrar en prisión.

Sin embargo, las verdaderas heroínas fueron las que se enfundaron un mono y llegaron al frente con el fusil al hombro para dejar claro a sus camaradas que la revolución no sólo era contra el enemigo fascista, que aquello no era una concesión circunstancial, sino que era hora de plantearse la institución familiar y la represión de la mujer en el ámbito privado –lo personal también es político, planteó la organización anarquista Mujeres Libres antes de la Segunda Ola feminista de los años sesenta-. Según los datos recabados por Strobl, las mujeres en el frente llegaron a ser 20.000, hasta que el bando republicano desmovilizó a sus milicias para convertirlas en un ejército popular, obligando a las mujeres a dejar la lucha armada. Precisamente, Ken Loach retrató en la película Tierra y libertad las tensiones que produjo este momento de transición.

[Leer completo en infolibre.es]

 

Comentarios

Escribe tu comentario

Su Comentario

Su Nombre

humor.corto

—Gracias a la automoción, Ávila prosperará por fin. —¡Qué bien, nos pondrán una fábrica nueva! —Qué va, creo llamarán Ávila a un nuevo modelo de coche.

>
Concurso de Micrrorrelatos Avilabierta

Lo último que hemos colgado

¿Quiénes somos? - Saliendo al paso - Aviso para navegantes - Contacto