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EL PASEANTE: Diálogo sobre estatuas

Regresa nuestro Paseante deambulando por la ciudad y sorprendiéndose con sus estatuas.

2016-01-10 21:52:32

Esto de ser inmortal tiene sus ventajas, y no es la menor la de poder volver uno a las calles por las que vivió, así que ni corto ni perezoso esta mañana de vísperas de los Santos Inocentes decidí darme una vuelta por las calles que fueron las de mis años de estudiante, las del centro de la ciudad.

Humanos fuimos y confieso que cuando vuelvo a Ávila, siempre me acerco a verme en estatua tras la puerta del Alcázar. Ignoro la razón por la que siguiendo las modas del momento me privaron del pedestal que antes tenían las estatuas, y me convirtieron en guardián de la entrada a la muralla, y espero que no fuese para democratizarme, que tendría su guasa. Ganas me dan de reírme en alguna de las muchas fotos que los paseantes se hacen conmigo (les diré que no acabo de verme a gusto cuando mi hijo Adolfo –parece que únicamente heredó el nombre– me trae a sus amigos e intentan hacerme ser lo que tanto me costó no ser; espero que ya puestos no vengan los procuradores en Cortes que queden o Alfonso Guerra a hacerse una selfi conmigo, recordando lo amigos que fuimos).

Para fustigarme el ego, y para ponerme en mi lugar con una inmisericorde cura de humildad, hoy opté por encaminar mis pasos tras las esculturas de la Santa (en Ávila no son precisas más aclaraciones) que hay en las calles abulenses. Cinco de momento y parece van para seis. Duda uno de que el dato sea nunca superado en el libro de los récords Guinness, y a fe mía que viene bien para rebajarme los humos tras verme en estatua.

Conste que también tienen la imagen de la muy ilustre paisana prácticamente todos los templos de la ciudad, como los de la provincia y otros muchos, que es Teresa santa muy efigiada. Conste que de ellas mis preferidas son los que estaban cerca de mi casa abulense: la de Gregorio Fernández, en la Santa, que siempre veo junto a su Cristo a la columna (otro privilegio de la inmortalidad), la de mi parroquia de San Juan que sin que yo entienda la razón ha estado sin estar en Las Edades del hombre, y la de Ricardo Font en la capilla catedralicia de San Blas, junto a la que descansan mis huesos.

Comenzado el escultórico paseo, tras pasar la puerta de la muralla, en la considerada plaza de Santa Teresa de Jesús (para nosotros el Grande) visité a dos de ellas. Recuerdo que la primera corona el monumento a las Grandezas de Ávila levantado en el Tercer Centenario de la Santa (yo no estoy entre las Grandezas, ya que entonces ni era grandeza ni era nada) y es obra de Carlos Palao, que durante unos 20 años emigró al jardín del Recreo y que remozada y gratuitamente desprovista de su cerramiento original volvió al Mercado Grande, donde  hace compañía a una nueva estatua de la Santa, la que con ocasión del siguiente Centenario (1982) hizo el académico José Luis Vasallo. Explicado queda, pero dejaré dicho que nadie acaba de entender esto de dos estatuas de una misma persona en una misma plaza. Aclararé que no he dicho personaje ya que el calificativo no cuadra con Teresa. Diré también que a los abulenses nos gusta más la Palomilla, pero yo que –cual etéreo inmortal– tengo una visión privilegiada de las piezas, señalaré que la estatua de la columna está mejor en alto, que no es para vista de cerca, y apunto que la de Vasallo –integrada en un proyecto de remodelación de la plaza de diez años antes– forma parte de un conjunto tan heterogéneo que es muy difícil hacer juicios sobre todo ella, pero cierto es que no casan el monumento a sus escritos del fondo con la imagen que, por cierto anticipó en Ávila la moda de acercar los monumentos a la gente, de forma que algunos se fotografían sentados en su regazo. ¿Tendré yo que ver algún mozuelo subido a mis hombros de bronce?

Antes de seguir permítaseme una digresión sobre el tema de las estatuas sin pedestal. Con razonamiento que no es mío, pero que comparto. Es esta moda que bien puede cuadrar a estatuas dedicadas a personajes anónimos, a osos panda y lagartos, pero que mal cuadra con conceptos como el de homenaje y memoria. Tal supuesto acercamiento democrático no es otra cosa que ñoñería, y  modo de ejemplo les propongo que piensen en el monumento al Cid de Burgos sin su pedestal. Resumiendo la moda únicamente tiene una ventaja, los de las selfis ahuyentan a las palomas.

 

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humor.corto

–Mira, papá, ¿qué es eso que hay en el suelo? –¡Cuidado! No te acerques que es peligroso. Es un libro.

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