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Ingres conquista el museo del Prado

Llega a España por primera vez una muestra monográfica sobre la obra de uno de los grandes pintores franceses del siglo XIX. Un artista cuya enorme influencia atrapó a Picasso y perdura hasta nuestros días.

2015-12-31 12:05:22

Iker Seisdedos EL PAÍS, 21 NOV 2015

'El Baño Turco', 1859-1863. Museo del Louvre.

 

La admiración de Picasso por Jean-Auguste-Dominique Ingres fue, como la de tantos pintores de vanguardia, larga y sostenida. Una entrada al museo dedicado por la localidad francesa de Montauban a su más ilustre hijo y un dibujo de pequeño formato conservado en Barcelona atestiguan que el joven genio malagueño decidió a los 22 años hacer un alto en la ciudad de la región de Midi-Pyrénées para rendir pleitesía al maestro de la pintura del siglo XIX. Fue durante su viaje a París de 1904, una de las cesuras más importantes de la vida de Picasso y también del arte del siglo XX; un peregrinaje a medio camino entre sus periodos azul y rosa.

El pueblo de Ingres, protagonista de la nueva e histórica exposición del Prado, recibió en 1913 la visita del autor de Las señoritas de Avignon. O al menos así se lo anunció el artista a una amiga “querida”, la escritora experimental Gertrude Stein. A otro amigo más tardío, el fotógrafo Roberto Otero, le relataría un tercer viaje de 1938. “Fui a visitar un hospital que tenían los exiliados republicanos en Toulouse, y entonces, al salir de él, le dije a Marcel –el chófer–: ‘Vamos a Montauban a hacerle una visita a Ingres’. Y cuando estamos llegando, va y me pregunta: ‘¿Tiene usted las señas de donde vive ese señor?’… ¿No le parece increíble?”.

Si la ignorancia del conductor resultó inconcebible a Picasso fue por la enorme fama cosechada en vida por el artista francés. También porque las señas de Ingres habían permanecido inalterables desde su muerte en París en 1867. El pintor donó en testamento a su ciudad natal lo que quedara en su taller una vez resuelta la manutención de la viuda, su segunda mujer. El tesoro acabó a buen recaudo en un palacio episcopal del XVII. El museo aún se yergue sobre el río Tarn como un centinela de ladrillo, material predilecto de la arquitectura de la zona que da a este rincón del suroeste un monótono e irreal aire rosáceo.

El edificio, que también rinde tributo a otra gloria local, el escultor Émile-Antoine Bourdelle, aguardaba con resignación a finales de octubre un saqueo consentido: 14 de sus más emblemáticas obras, entre delicados dibujos y gigantescos óleos como El sueño de Ossian o Jesús entre los doctores, viajan a Madrid a la exposición que el Prado consagrará a Ingres desde el 24 de noviembre y que el director del museo, Miguel Zugaza, describió recientemente en su despacho como “un acontecimiento único”. “Nunca se ha celebrado una muestra de Ingres en España, un país en el que sin embargo tuvo valiosos discípulos, como los Madrazo, pero desgraciadamente un solo cliente, el duque de Alba”. Para cubrir los huecos que el proyecto expositivo deje tras de sí en Montauban, la pinacoteca madrileña envía una embajada de pintura española, que permanecerá expuesta hasta que se produzca de nuevo el intercambio en marzo.

En realidad, Ingres nunca vivió en el palacio que hoy alberga su museo. Para dar con el recuerdo de su casa natal, destruida hace décadas, no hay otra que dejarse guiar por el contagioso entusiasmo de Florence Viguier hacia un callejón anónimo en la dirección contraria al camino que lleva al cementerio municipal, lugar del último descanso de los restos de Manuel Azaña, muerto en el inhóspito exilio francés un noviembre de hace justamente 75 años. Viguier es directora desde 2003 del museo de Montauban, donde echó a andar su carrera de funcionaria en 1988, así que no extraña que, tras las presentaciones, se adelante a las bromas pesadas y desvele que hay quien la llama “la viuda de Ingres”. “Es un pintor de una personalidad tan fuerte que se le puede dedicar toda una vida de estudio, pero siempre desde un espíritu crítico, ensalzando lo bueno y nunca ignorando lo contradictorio. No creo en la admiración beata”.

[Leer completo en elpais.com]

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