Selección del libro de poesía “Verbo oscuro” (Traducción de Antonio Sáez Delgado)


EL POETA

I

El Poeta alcanza las cimas de la Vida; y, después, viene a

contar a los otros hombres el paisaje contemplado.

II

Algunos, con entusiasmo, gritan sus impresiones, como los

niños; otros susurran y rezan… Voz de humildad.

III

Yo amo el grito, el susurro, la oración, nacidos del alma,

describiendo con firmeza su ritmo intacto y desnudo.

IV

¡Oh frase de la media luz!… Verbo oscuro. . . Místico pudor.

V

¡Benditas las almas discretas y las horas del crepúsculo!

VI

Poetas, cantad al ser humano, al redentor de las cosas, al

viejo Adán que aprendió, en el desierto, a mejorar la obra

de Jehová.

Cantad al hombre describiendo, con formas de vida

elegida, a su fantasma secular.

VII

Poetas, cantad a los fantasmas; quiero decir a lo que es

eterno.

VIII

La gran ilusión de la vida moderna, compuesta de humo

y ruido, puede ser interesante para la pupila de vuestros

ojos, pero no para la luz de vuestra mirada.

IX

Humo de fábricas, gritos de sirenas, velocidades: sois

actitudes de la Materia, impuestas por el espíritu imitativo

y simiesco.

X

El hombre huye del hombre. Quiere volar como las aves,

correr como las liebres, penetrar en las olas como los peces.

¡El hombre pájaro es hoy el superhombre!

Es esta la victoria del Pesimismo.

XI

Fui entregado a la luz eléctrica de este siglo; el denso

humo industrial me satura los pulmones; el ruido

mecánico hace que sangren mis oídos, y yo no comprendo,

¡no asimilo este Vértigo que es de hierro!

XII

Humo de fábricas, gritos de sirenas, velocidades, ¿cuál es

vuestra entonación espiritual, vuestro significado etéreo?

¿Cuál el sentido de las palabras Fuerza, Victoria, Actividad,

que modernos vates pregonan? Sois huecas palabras de

metal… la bruta materia que se vuelve nebulosa,

sin comprenderse.

Hulla negra hecha nube de polvo.

XIII

Poetas, dejad que cante vuestro corazón. La inteligencia

conoce la Liturgia, pero ignora la Divinidad.

XIV

Cantad a los Fantasmas y a los Ángeles; cantad a los

obreros de la nueva Redención, los que trabajan, en

nieblas de alma, el Relámpago futuro.

Cantad a lo que no existe… El resto es ceniza.

DESLUMBRAMIENTO

La vida es sueño, amor, exaltación.

Flama que irrumpe de la eterna oscuridad.

Es fuego la flor y la sombra que amanece.

La tierra es carne, la luz es sangre ardiente.

Gira líquida llama en cada vena

y qué alegría las nubes incendia!

¡Contemplad, bajo los rayos matinales,

El delirio y el vértigo de los cristales,

Entre esplendores, gritando y riendo,

Abrasados de luz, centelleando!

En el albor de la aurora las aves resplandecen,

En el corazón del rocío, soles florecen,

En el corazón de los hombres solitarios

Hay Cristos que suben yermos calvarios.

Cantan las fuentes, locas de ternura;

¡Su canto llena los montes de verdor!

Y ese infinito Vacío tenebroso,

Cuando lo sensibiliza el sol radiante,

Siente gran placer, una gran alegría

¡Y así nos comunica la luz del día!

¡Y qué locura las olas levanta,

Cuando el luar misterioso canta!

¡Oh mar, a la luz del luar! ¡Oh, mar profundo,

En llantos que se reparten por el mundo!

¡Oh, ángel inmenso, que en la mano sostienes

El cáliz de la amargura y las tormentas!

Todo es sueño y deseo; cielo e infierno.

Abrasa todo el mismo fuego eterno.

 

Vive una estrella oculta entre las rocas,

Crepita la savia ardiente de la arboleda.

Tiene pétalos en llamas la rosa, el lirio.

La sustancia de las cosas es el delirio.

La vida no es más que sentimiento;

¡Un gran incendio avivado por el viento

Del misterio sin fin que esconde Dios

Y viste de luto el azul de los cielos!

La vida es una ráfaga esplendorosa

Que pasa y anima todas las cosas.

Es loco torbellino que se eleva

Y corta, de arriba abajo, la fría tiniebla,

Descubriendo figuras impensadas,

Formas del amor, apariciones divinas!

¡Poetas, cantad, bañados en la luz

Que amanece de la infinita emoción,

Que de estrellas rocía la Inmensidad

Y en mis ojos es lágrima y saudade.

Poetas, cantad a la vida, al bien y al mal!

¡Consumíos en el incendio universal

Que colma de llamaradas el infinito!

Y es Dios, tal vez, desesperado! ¡Un grito

De Dios! ¡Grito de dolor incandescente,

En la eterna oscuridad, eternamente!

MI SOMBRA

Mi sombra me perturba.

Penetra en mi alma,

Oscureciéndola,

Que mi alma es paisaje

Y es noche mi sombra.

Veo la profundidad

En la superficie,

Y la superficie en los abismos,

Y en el plural el singular

Y a Dios en los Dioses.

¿No hay cegueras visionarias

En que alcanzamos

La plena luz?

Y el negro del pasado

Se desvanece,

Y el del futuro.

Nuestra alma

Tiene dos alas,

Una de búho,

Otra de alondra:

Aquella se extiende a través

Del tiempo que pasó;

Y esta, a través del tiempo

Por venir.

El luar pinta de plata nuestra cuna

Y la aurora de dorado la tumba.

Tumba y cuna, luar y aurora,

principio y fin, ¿quién los distingue?

DESEO

Todo cuanto existe existe sólo

Como deseo de existir.

Y este deseo

Es todo nuestro ser.

No más ‘que un esbozo,

O humo o niebla.

Y en si contiene

El Cielo y la Tierra,

Que nuestros pies

Pisan el suelo,

Y en el aire andamos

Con la cabeza.

Y nuestro pensamiento

Deja atrás las últimas estrellas.

EL DEMONIO

I

El Demonio existe. ¿Quién no ha visto, por todos lados,

su figura?

II

Las raíces de los árboles recuerdan garras diabólicas,

viradas hacia el Infierno.

El río más idílico, de vez en cuando, se toma pálido, como

si se parase, turbado y ennegrecido en su intimidad.

El mismo sol, en su más vivo esplendor, dice palabras

malvadas a nuestra sangre;

y le inyecta filtros tenebrosos.

La flor es hermana del crimen.

III

¿Y la sonrisa de la tiniebla? ¿Y la ironía satánica de las cosas,

que nace, por contraste, de nuestro dolor? ¿Y lo que

hay de castigo, de pena infligida, en la roca en bruto?

El Demonio existe.

IV

En mis horas de meditación, cuando mi ser se hace tras-

cendente y se emociona, y es más un quejido de súplica

que una presencia enigmática, devorándose a sí misma,

veo, por todas partes, vagas visiones de Demonios es-

piando mi sombra, que les sonríe.

V

Hay otros momentos en que mi alma, iluminándose,

imagina iluminar… y descubre, en un delirio hechizado,

perfiles angélicos de luz, blancos temblores de alas, floridas

lejanías paradisíacas… todo el cielo empieza a clarear.

VI

En las horas vulgares, adoro las puestas de sol, la noche,

el luar, los valles y los pinares; soy también una cara del

Demonio, y un amor fraterno me ata a todo.

VII

¡Yo también te amo, Satanás! Eres un Dios de luto, un

Dios que sufre… Tus alas, al abrirse, cubren de negro el

cielo, y tus lágrimas ardientes hieren la oscuridad,

que sangra fuego.

VIII

¡Oh, cosas yermas de la Naturaleza, expresiones

demoníacas de la Vida, quien os ama de verdad no soy yo:

es mi sombra, que lucha con mi espíritu!

IX

¡Y vosotras, sombras de la noche, bailad con mi fantasma

a la luz de la luna!

¡Él vive dentro de mí, en un monólogo, extasiado en tu

imagen, Ofelia!

Pero sus palabras se me mueren en los labios; son como

señales de silencio, separadas de las otras, las que tienen

sonido y relieve.

X

Oh, pobre sombra mía, cómo te fundes con la tierra,

mientras la luz de mis ojos, luminoso anhelo del alma,

huye hacia los astros.

¡Me debato entre mi sombra y mi alma!

Esa fragilidad que hay dentro de mí, esa aventura,

ese dolor, ¡me seduce!

Adoro a la mujer en mí mismo.

XI

Lo que pasó, lo que ha de venir, es la sustancia de la

Saudade.

Lo eterno está compuesto de formas transitorias.

XII

La Presencia se torna Ausencia, para conquistar la

Eternidad. Por eso, el hombre se esconde de sí mismo.

Le repugna estar presente, es decir, ser mortal.

XIII

… ausencia de la criatura

Pero presencia de Dios.

(Las Sombras)

Sí: Dios es la Ausencia infinita y Satanás la infinita

Presencia.

Por esto amo también al Demonio. Lo amo en las nubes,

en los árboles, en las flores, en la tierra y en mi cuerpo.

¿Qué seré yo? Quizá una señal en su cabeza. ¿Y el sol?

Quizá la risa en sus labios.

XIV

Sólo a Dios pertenece mi fantasma. En él vivo

en saudade.

 

 

Tomado de la revista cultural FronteraD