Bóveda vaída en el santuario de la Virgen del Espino

La ermita de Nuestra Señora del Espino se encuentra al Este del núcleo urbano de Hoyos del Espino, separada de él por varios cientos de metros. Se alza sobre una media ladera, lo que proporciona desde su atrio una espléndida vista sobre el macizo central de la Sierra de Gredos. Sólo la posibilidad de contemplar los picos desde allí ya merece la escapada.

En sus proximidades, anuncia el trabajo de cantería de la iglesia un buen crucero dispuesto al pie de la carretera que dirige a Barco de Ávila, situado como inmejorable hito para advertir al viajero de que ha de hacer una parada. Tras ascender unos metros se avistan los volúmenes del templo y su espadaña, ésta separada de aquél, como ocurre con otros campanarios –torres generalmente- de los pueblos de la ribera del Tormes. Ambos están construidos con el recio granito de la sierra, lo más habitual en los edificios de la comarca, cuya mayor distinción en cuanto al coste de los materiales empleados radicaba en el grado de labor de los sillares.

El templo está dispuesto con su cabecera semihexagonal a Oriente, a la que se añade una sola nave en cuyos tramos más próximos al presbiterio presenta bóvedas de crucería tardogóticas, cuya factura es de bien entrado el siglo XVI. Como en otros muchos casos de la capital y provincia, repiten modelos de estrellas y combados que, siendo buenas piezas, no son excepcionales por su factura ni, como digo, por su traza.

Vista del templo hacia la cabecera

Hoy nos interesa el último tramo de la nave, el más occidental. Aquel que acoge la tribuna a los pies del templo. En él cambia radicalmente el lenguaje arquitectónico, pasando de los postulados tardogóticos vistos, a planteamientos plenamente renacentistas cuya fuente principal de inspiración habría que buscarla en los abovedamientos de algunas estancias del monasterio de El Escorial. Ya al exterior se anuncia el cambio atendiendo a la modificación en el sistema de empujes y contrarrestos, que se hace patente mediante la falta de contrafuertes en este último tramo. En él se reducen a un leve regruesamiento de los esquinales de la fachada occidental confirmando su diferente comportamiento estructural. También resulta evidente en el aparejo de sillería que este tramo fue añadido con posterioridad.

El edificio desde el noroeste

En el interior, este espacio se cierra con una magnífica bóveda vaída. Este tipo de bóvedas, poco frecuentes en la provincia, se conforman al cortar una cúpula por cuatro planos verticales, pudiéndose disponer sus dovelas paralelas a los lados, conformando hiladas cuadrangulares –como en las iglesias de San José, Santa Ana o Las Gordillas de Ávila, entre otras-; o bien de forma circular como en el caso del santuario de la Virgen del Espino.

Bóveda del monasterio de Santa Ana

Este tipo de bóvedas han sido definidas, construidas y estudiadas desde el siglo XVI, recogiéndose en textos teóricos como el Libro de traças de cortes de piedras de Alonso de Vandelvira (h. 1575-1580).

Vista hacia la tribuna

En la ciudad de Ávila se encuentra una bóveda más de este tipo, reforzada con nervios, en la iglesia del monasterio de San Francisco. Se encuentra en la capilla de Henao, ubicada al norte de la nave de la iglesia.

Monasterio de San Francisco. Capilla de Henao

Raimundo Moreno